Mi primer trabajo con el título bajo el brazo estaba situado cerca del metro de Cuzco. Yo andaba quemada del color gris hormigón de la escuela de Caminos y de la homogeneidad de la Ciudad Universitaria. Tenía que entrar a las 8:30, pero nunca conseguía llegar antes de las 8:45.
Me transportaba (¿por qué lo llaman “viajar” con lo bonito que es ese verbo?) en metro cada mañana, primero en la línea 5 (yo la llamaba la línea grunge) y luego en la 10 desde Alonso Martínez. Cuando bajaba del vagón en Cuzco ya estaba agotada del hacinamiento. Para salir había que soportar varios tramos de escaleras mecánicas infinitas y atestadas de gente. Desde abajo todo lo que veía eran abrigos grises sobre trajes oscuros y maletines. Me venía a la cabeza el “another brick in the wall” que conseguía que llegase deprimida a mi silla.
Decidí comprarme un bolso de peluche rojo en las tiendas del metro de Callao para dar un puntito de color a la escalera. A los 6 meses abandoné el trabajo y cambié de ubicación.
Han pasado muchos años, varios trabajos y distintas vidas. Acaban de cambiarme el destino de mi trabajo actual a un edificio pegado al metro de Cuzco. Ahora entro a trabajar antes de las 8:30 y me sigo fijando en la escalera eterna pero veo muchos matices. Chicas inmigrantes con vestidos imposibles, bolsas termo naranja, chavales con pantalones caídos y niñas con horquillas de plástico, señoras con el pelo cardado y tinte rojo y calvos con gafas de colores flúor.
La escalera es la misma, la calle también e incluso la hora. Sólo me queda pensar que soy yo la que ha cambiado. Aún así acepto sugerencias y si alguien sabe donde puedo comprar un bolso de peluche rojo que no dude en decírmelo.
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viernes, enero 25, 2008
jueves, noviembre 29, 2007
Polaroid
Salgo de trabajar de noche. Hace frío. Veo pasar a dos por delante. Cuchichean, discuten, se recriminan, se empujan. Parecen pareja pero puede que no, quién sabe. Son yonkis. Vienen de o van a. Se paran delante de una tienda de teles enormes, brillantes, poderosas. Ellos están de espaldas a las noticias, a las tertulias, a los concursos. El lleva colgando una riñonera. Ella una bolsa de tela enorme llena de cosas. En la bolsa está escrito: “Ferrovial Inmobiliaria”. Vaya. El semáforo cambia de color. Arranco y ya estoy pensando en otra cosa.
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Madrid Centro Ciudad,
Real como la vida misma
martes, noviembre 27, 2007
Casi diciembre
Ya está decorado el barrio de Salamanca con las luces navideñas. Como cada año, las hay nuevas, de diseñador fashion, fashion. Me gustan las de puntitos que sobrevuelan miles de cabecitas corriendo. Me gusta ver a los vecinos de Maldonado saludándose en el mercado de la Paz mientras compran foie. Me gusta ver a las señoras de Valladolid con sus abrigos de pieles paseando por Velázquez y haciéndose fotos con las luces de fondo. Me gusta ver a los niños bien jugando en Colón, vestidos de Ortega y Gasset, qué frío algunos con pantalones cortos en diciembre. Me gusta ver a los ejércitos de bolsas doradas cruzar las puertas de El Corte Inglés con los bolsos amarrados al cuerpo a modo de escudo. Me gusta Serrano con sus tiendas protegidas por vigilantes que no pueden ni podrán permitirse ninguno de los artículos que enseñan sus escaparates. Me gustan los restaurantes de los bajos de Lista llenos de dependientes vestidos de estricto negro elegante. Me gustan los señores bancarios con sus corbatas de nudos enormes y gemelos brillantísimos disparando con las llaves las puertas sus coches limpios. Me gusta que ya no haya castañeras de guantes con muñones porque quedaba muy feo ver sus chabolillas humeantes entre tanto lujo y prosperidad.
lunes, octubre 29, 2007
Mojito en La Latina
La Latina los domingos está atestada de gente. Como todo el mundo viste con muchos colorines, rayas, rastas, piercings y tatoos de la última moda otoño/invierno, sirve de escaparte modernillo chupipandi.
Entre la algarabía encuentro a mi amiga que, por primera vez en quince años, llega puntual a una cita. Escogemos la “Angosta Taberna”, por tranquila y porque es mi preferida. - “No se puede estar triste hoy”, le digo, “a finales de octubre y, pinpan pinpan, estamos en una terraza tomando mojitos”. Ella está tristona y bebe café con leche fría. – “Ponte una minifalda y suéltate el pelo, morena”. Ella se ríe pero no sonríe, vaya, vaya...
Vuelvo en metro pensando en mi amiga. Veo una horquilla tirada en el suelo que alguien ha debido perder. Hay gente que se rasca mucho la cabeza y, claro, va perdiendo las horquillas. Llego a casa. Vaya, vaya...
Entre la algarabía encuentro a mi amiga que, por primera vez en quince años, llega puntual a una cita. Escogemos la “Angosta Taberna”, por tranquila y porque es mi preferida. - “No se puede estar triste hoy”, le digo, “a finales de octubre y, pinpan pinpan, estamos en una terraza tomando mojitos”. Ella está tristona y bebe café con leche fría. – “Ponte una minifalda y suéltate el pelo, morena”. Ella se ríe pero no sonríe, vaya, vaya...
Vuelvo en metro pensando en mi amiga. Veo una horquilla tirada en el suelo que alguien ha debido perder. Hay gente que se rasca mucho la cabeza y, claro, va perdiendo las horquillas. Llego a casa. Vaya, vaya...
viernes, octubre 19, 2007
Churritos de bombón
En plena hora punta, con la glorieta de Atocha atravesada por coches en todos sus puntos vitales, veo la fila de gente esperando al autobús, con las manos en los bolsillos,los hombros a la altura de las orejas, más delgados de lo que son. Casi no hablan y el que no fuma de verdad, fuma de amanecer con los ojos perdidos en un sueño pasado que no recordará más . La fila se encorva hacia un puesto que anuncia: “Churritos de bombón” que aunque apesta, calienta y eso se agradece. El dependiente silba a una chica rubia de ayer, de pantalones prietos con dos coronas bordadas en el culo, jersey de leopardo y zapatos de aguja dorados. Ella, indiferente, le cuenta a una compañera sus problemas con el turno, que no le pagan las extras y que ése se va a enterar cuando le pille y suelta un “coooñiio que frío” que me hace temblar y la sonrío por guapa mañanera y ella, que lo sabe, mueve con brío el paso y se pone rápido a la cola del bus para que nadie se le cuele. Menuda es.
viernes, septiembre 14, 2007
SE ACABA EL VERANO
Se acaba el verano. Como cada verano.
Este año lo estoy viviendo en el BUS-VAO. Veo amanecer en la carretera según vengo a trabajar. Ya ha salido el sol, pero en la ciudad todavía no se han enterado. Sólo algunos vemos que ya es de día aunque en la nueva Castellana las nuevas grúas de los nuevos edificios de los dueños de siempre estén todavía en sombra. Dentro de unos días, cuando vayamos a trabajar en el tren, en coche o en autobús a la ciudad, será noche cerrada. Entonces se habrá acabado el verano. Como cada verano. Sólo algunos verán que es de día, en lo alto de las montañas. ¡Qué privilegiados!.
Este año lo estoy viviendo en el BUS-VAO. Veo amanecer en la carretera según vengo a trabajar. Ya ha salido el sol, pero en la ciudad todavía no se han enterado. Sólo algunos vemos que ya es de día aunque en la nueva Castellana las nuevas grúas de los nuevos edificios de los dueños de siempre estén todavía en sombra. Dentro de unos días, cuando vayamos a trabajar en el tren, en coche o en autobús a la ciudad, será noche cerrada. Entonces se habrá acabado el verano. Como cada verano. Sólo algunos verán que es de día, en lo alto de las montañas. ¡Qué privilegiados!.
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